Senbazuru, o cómo atrapar la memoria que nos queda

Los domingos a las 7 de la tarde, en Buenas Artes Social Club, Guatemala 4484, se plantea una buena oportunidad para reencontrarse con los propios recuerdos.

No acordarse de algo es como no haberlo vivido.

O peor. Si de vez en cuando aparece un atisbo de lo vivido, o si de pronto uno comprende que vivió algo que no recuerda, o si vislumbra que lo ha olvidado adrede, se sabe: El dolor puede tomar muchos colores y formas.

En este caso, lo que le ocurre a Horacio (Gustavo Bozzano) es que lo atormenta el dolor de no haber hecho lo que se esperaba de él en su momento, y ahora el castigo parece ser ir perdiendo la memoria, la conciencia de sí, de quién fue y de lo que hace. Horacio escribe pero no puede terminar la historia, porque lo que escribe es su propia historia. Y la culpa de no haber cumplido con sus obligaciones le impide, también, darle un cierre. Entonces está dale que dale, escribe que te escribe, para romper todo a último momento, una y otra vez; una y otra vez. ¿Acaso lo infernal no es lo que se repite cíclicamente sin que podamos evitarlo, aunque lo detestemos?

Senbazuru, Las mil grullas conjuga con gran acierto para el ritmo de la obra los textos con la danza, lo dicho con la palabra y con el cuerpo. Es una bocanada de aire fresco cuando Julieta Boland de pronto baila y nos transporta a un mundo más luminoso, liviano, armónico… y también onírico. Porque es en el mundo de los sueños donde todo puede ser perfecto, sin enfermedades ni problemas ni cuentas pendientes. Luego, Julieta sacará de una canasta muchas pequeñas grullas de papel, que volarán sobre el escenario como el símbolo de los sueños (deseos) que aún están por cumplirse.

Algunos afortunados espectadores de la primera fila reciben una grulla, fusionándose con la obra con la misma naturalidad con la que las cosas mágicas ocurren en sus propias dimensiones. Mientras, Horacio sigue sin saber muy bien qué escribe. Se pierde en sus recuerdos, mientras Mónica (Eliana Barrios) lo cuida y lo contiene con una verosimilitud tal que, por momentos, a uno como espectador le dan ganas de pedirle el teléfono para recomendarla en unas cuantas casas que uno conoce, y que andan necesitando gente así. Julieta y el Horacio Joven (Octavio Álvarez) se encuentran en la danza que los muestra veinteañeros y alegres, con toda la vida por delante. Todo lo contrario se ve en Horacio, que se siente mucho más viejo de lo que es y que lo único que le queda por delante es la negra pared del olvido.

SENBAZURU, LAS MIL GRULLAS

Sala: Buenas Artes Social Club, Guatemala 4484, CABA

Funciones: Domingos, 19 hs.

Ficha técnica:

Dramaturgia y dirección: Juan De Leonardi

Intérpretes: Julieta Boland, Octavio Álvarez, Gustavo Bozzano, Eliana Barrios

Asistencia general: Natasha Goldman

Coreografías: Leandro Sala ​Música original: Diego Gonzales Farina

Fotografías: Leandro Escobedo

Prensa: Kazeta Prensa


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