"La panadera de los poetas": Un encendido tributo a Federico García Lorca y a Miguel Herná

La siempre dúctil y talentosa Virginia Lago marcó su nuevo retorno a las tablas con un manifiesto a favor de la preeminencia histórica del arte (y de los artistas) por sobre la pequeñez de la violencia política y del fascismo. De eso se trata "La panadera de los poetas", obra que la actriz presenta todos los fines de semana en el Teatro de la Comedia con dirección de su propia hija, Mariana Giovine.

En un momento muy especial para los amantes de la literatura española del siglo XX -el 18 de agosto se cumplieron 81 años del fusilamiento del poeta y dramaturgo Federico García Lorca en manos del franquismo- el estreno de la pieza de María de las Mercedes Hernando supone un tributo al mayor exponente de la llamada Generación del 27, como también a su célebre contemporáneo Miguel Hernández.

"La panadera de los poetas" no fue concebida como una obra de teatro característica del circuito comercial. Está dirigida a un público ávido de disfrutar del vuelo, de la métrica y de la cadencia que habita en los versos de estos dos inmensos autores españoles. Ese éxtasis se alimenta con guiños constantes a un espectador iniciado, capaz de identificar y de valorar los conmovedores pasajes de García Lorca y de Hernández que los propios autores recitan a María Candelaria, una simple e inspirada solterona que los cobija en su panadería de una aldea de montaña.

La fresca amistad entre los jóvenes se desarrolla en el humilde local donde juegan, se buscan, se desafían, se celan y comparten su arte. Todo, ante la mirada privilegiada de esta panadera bonachona y sensible. Desde el autoproclamado analfabetismo de la panadera, magistralmente interpretada por Lago (repetirá, casi como un mantra, que su cabeza vacía puede sin embargo ser reservorio de millones de versos), la autora deja muy claro que la riqueza cultural y la valoración de la belleza son negocios muy diferentes al mero, y tantas veces superfluo, saber enciclopédico.

Y esto es así, porque esta candorosa aldeana escucha y recita emocionada las bellas páginas de sus jóvenes amigos. Quizás, en esa ensoñación de María Candelaria, está implícito el homenaje que la obra brinda a la sabiduría que proviene de las entrañas del pueblo: Una forma de reconocimiento a la herencia cultural que los americanos hemos recibido de nuestros abuelos españoles.

Pero esa sencillez casi franciscana de la querible panadera no le quita agudeza a la hora de guardar a sus protegidos de enemigos crueles y siniestros. García Lorca y Hernández pertenecieron a una generación de artistas que debió chocar de frente con el funesto devenir de la España de los años 30, en el contexto de una guerra civil encarnizada que teminó con la larga y sangrienta dictadura fascista de Francisco Franco. “María de las Panaderías” –así la bautiza en términos literarios el apabullante Federico- no deja de advertir a sus amigos sobre los peligros a los que se enfrentan. Sin embargo, mientras trabaja su amasijo de ensaimadas, con gran lucidez sabe que hay destinos que ya están escritos.

Es que ambos, Federico y Miguel, fueron dos extraordinarios hombres de letras que legaron obras muy prolíficas, aun cuando sufrieron persecución política, padecieron la cárcel y la discriminación, y encontraron, ambos, muertes demasiado tempranas: a García Lorca lo asesinaron cuando tenía apenas 38 años y a Hernández se lo llevó la tuberculosis cuando apenas despuntaba su vida, a los 31.

Virginia Lago está muy bien flanqueada por dos excelentes actores, Jorge Seleme y Francisco González Gil, que levantan a fuerza de juventud y de entusiasmo un relato por momentos cansino, aunque siempre atractivo. Trabajar al lado de una gran intérprete como Virginia, capaz de proveer todos los colores imaginables a una paleta interpretativa casi ilimitada, puede ser intimidante o inspirador para cualquier joven intérprete. En este caso, la cercanía de la inmensa actriz opera a favor de la química de la puesta, y la magia, felizmente, se produce. Magia de la que no es ajeno el experto músico Marcelo Oscar Alvarez, quien a través de la guitarra o el piano aporta climas apropiados a cada momento del cuento, y barrunta, sin dificultad alguna, notas que navegan entre las luces del flamenco y las sombras del cante jondo.

El esfuerzo, finalmente, valió la pena. La talentosa Mariana Giovine demuestra una vez más de qué material está hecha. No sólo es hija de la protagonista (invirtió roles con su mamá y esta vez le tocó dirigirla, cuando muchas veces fue al revés). Además, la directora suma a su sólida formación artística (con monstruos escénicos como Alejandra Boero y Agustín Alezzo) una notable carrera de casi dos décadas, como actriz y como directora. Su versatilidad le ayuda hoy a recrear en “La panadera de los poetas” el clima, la música y la narración de una historia que honra la más pura esencia de la hispanidad.

LA PANADERA DE LOS POETAS

Sala: Teatro La Comedia - Rodriguez Peña 1062 - Tel. 4815-5665

Funciones: Sábados y domingos, 18 hs.

Entradas: Desde $ 300, disponibles en el teatro y por Plateanet: 5236–3000 (www.plateanet.com)

FICHA TÉCNICA

Autora: María de las Mercedes Hernando

Dirección: Mariana Giovine

Elenco: Virginia Lago, Francisco González Gil y Jorge Seleme.

Músico: Marcelo Alvarez.

Vestuario: Pablo Battaglia

Escenografía: Agustina Filipini

Prensa: WE Prensa y Comunicación


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