Nunca querrás decir adiós a esa chica

Ganadora de seis premios ACE en todas las categorías artísticas (obra, director y los cuatro roles actorales), "La Chica del Adiós" se afirma en la cartelera porteña como el suceso teatral del año. La ductilidad de Diego Peretti sumado al ángel embriagador de Paola Krum y a la imaginativa mirada de Claudio Tolcachir hacen de la obra un producto de consumo indispensable para los amantes de las buenas comedias.

Es que precisamente, las comedias de Neil Simon son un clásico del teatro estadounidense y mundial. Plenas de situaciones risueñas, personajes queribles y fácilmente identificables con la audiencia, en sus guiones (Sweet Charity, El último de los amantes ardientes, Extraña Pareja) aparecen con frecuencia temas como la amistad, el amor, la lealtad, las tensiones entre los sentimientos y el materialismo en la sociedad moderna, etcétera.

“La chica del adiós” (The Goodbye Girl) fue originalmente una película que se estrenó en 1977 y protagonizaron Marsha Mason y Richard Dreyfus. Desde luego, uno de esos títulos entrañables de la pantalla grande, una perla dorada en la historia del cine.

En la Argentina, la dupla Fernando Masllorens/Federico González del Pino versionó el guión de cine en lenguaje teatral. El resultado es una puesta que sin dudas será histórica, dirigida por Claudio Tolcachir y protagonizada por dos monstruos escénicos, Diego Peretti y Paola Krum, que trabajan por primera vez juntos y se entendieron muy bien. La producción en el Metropolitan City es brillante por donde se la mire: dirección, actuación, escenografía, sonido, puesta. No en vano la obra ganó en todas las categorías artísticas de los premios ACE en las que participó: mejor comedia, mejor director, mejor actriz protagónica en comedia, mejor actor protagónico en comedia, mejor actriz de reparto en comedia (Gipsy Bonafina) y revelación femenina (Lucía Palacios), o sea en seis de las ocho categorías en las que fue nominada.

Un actor poco escrupuloso que convive con su pareja y con la pequeña hija de la mujer, las abandona y sin decir nada subalquila su departamento a un colega que llega a Nueva York para probar suerte en el espectáculo. La discusión que sigue a la sorpresiva aparición del nuevo inquilino sobre quién debiera quedarse con la propiedad, termina con un acuerdo forzado de convivencia entre las dos mujeres y el recién llegado. El resto es la historia son las lógicas tensiones que aparecerán entre los ocupantes de la casa y la evolución de su convivencia, que obviamente deriva en una comedia romántica que tiene todos los componentes de risa y emoción de las piezas de Simon.

La puesta de la obra es bien al estilo del director Claudio Tolcachir: un escenario expandido hasta el último centímetro, que sobresale sobre la platea, divide por sectores a los diversos ambientes del departamento y –obviamente- carece de telón. El texto fluye con naturalidad entre los actores, en parte como producto del trabajo que hizo el realizador para relacionar a los personajes entre sí y con su entorno.

Los cuatro intérpretes son realmente estupendos. Aunque Lucía Palacios tiene dieciséis años, juega a ser una nena de doce y realmente convence: es toda una revelación. Gipsy Bonafina es el ente articulador de la historia: hace diversos personajes que conectan las situaciones, pero fundamentalmente las relata mientras toca el piano (de verdad, y como los dioses), mientras canta con un registro encantador.

¿Alguien puede dudar de que Paola Krum sea la heroína soñada para cualquier comedia? No sólo es irresistiblemente hermosa (despierta suspiros), sino que además con sus arrebatos, mohines y reacciones desbordadas contribuye a la comicidad de la historia.

Nos queda Diego Peretti: el hombre, literalmente, reina sobre el escenario y “se come” la obra. Su histrionismo agiliza la historia y provoca carcajadas en la audiencia, que por momentos lo aplauda a rabiar, aunque ésta no sea una práctica habitual ni recomendable durante una obra de teatro en curso, porque detiene la acción. Pero igual, la gente no se puede contener, y lo ovaciona. El médico psiquiatra demuestra con su interpretación porqué en su vida las tablas le ganaron al consultorio clínico.

Para cualquier amante del teatro, “La chica del adiós” es una opción segura, divertida y con todo el brillo que puede ofrecer el talento escénico argentino. Vaya a verla.

LA CHICA DEL ADIÓS

Teatro Metropolitan Citi, Av. Corrientes 1343

FUNCIONES: Jueves y viernes, 20.30 h. Sábados, 22.30 h. Domingos, 21.15 h. Localidades desde $300. En venta en el teatro o a través de www.plateanet.com

Con Diego Peretti, Paola Krum, Gipsy Bonafina y Lucía Palacios

Autor: Neil Simon.

Versión teatral: Fernando Masllorens y Federico Gonzalez Del Pino.

Dirección: Claudio Tolcachir.

Diseño de escenografía: Alberto Negrin.

Diseño de iluminación: Marcelo Cuervo.

Diseño de vestuario: Ana Markarian.

Director técnico y de montaje: Jorge H. Perez Mascali.

Supervisión de sonido: Pablo Abal.

Asistente de dirección & stage manager: Franco Battista.

Vestidor: Hector Ferreira.

Asistente de escenografía: Lucia Kazanietz

Fotografía estudio: Alejandra Lopez.

Comunicación digital: Newcycle.

Producción gráfica: Romina Juejati.

Diseñadora gráfica asociada: Johanna Wolf.

Comunicación visual: Gabriela Kogan.

Prensa: Smw.

Productor ejecutivo: Damián Zaga.

Director de producción: Ariel Stolier.

Productores generales: Adrián Suar, Pablo Kompel y Nacho Laviaguerre.


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