Un don demasiado difícil de asimilar

La vieja Márgara posee el don del vaticinio. Ejerce ese poder con una enorme carga de angustia, un nivel de responsabilidad que la obliga a enfrentar, estoica, la improbable misión de lograr que la bondad prevalezca en el mundo. Encuentra su mayor oposición, no obstante, en su propio entorno: Nadie cree en sus predicciones. La anciana es cobijada en casa de su abnegada hija Sonia y de su incrédulo yerno Efraín, en un pueblito costero. Desde allí, clama al mar para torcer el destino del universo. La relación conflictiva con su familia y su imposibilidad de ayudar a Renata, una aldeana que la visita para rogarle (en forma infructuosa) que cure a su marido moribundo, lleva a Márgara a pensar que ella sólo puede ayudar a multitudes, pero no cambiar destinos particulares.

Según el director Silvio Lang, la prestigiosa autora Griselda Gambaro en 2013 puso en sus manos, y en las de la enorme actriz Cristina Banegas, el texto de esta obra inédita. Dos años más tarde, la estrenaron en el Teatro Nacional Cervantes, donde la puesta permanecerá en cartel por espacio de un mes, para después partir en gira nacional.

Para trabajar la dramaturgia, el equipo decidió escindir el lenguaje de la acción en dos planos, el verbal y el físico, y hacer prevalecer al segundo sobre el primero. De manera tal que, por decisión deliberada del director, la ampulosidad de los gestos, los saltos y coreografías, la crispación y los movimientos constantes sobre el escenario acaban por tapar a un guión por momentos metafísico, poco asimilable al teatro convencional, y aun así –admitimos- portador de cierta belleza poética.

Con esta decisión estética, Lang decidió alejarse de cualquier interpretación naturalista –el texto tampoco ayudaría a lograrlo- para volcarse de lleno a la exarcebación de la gestualidad y la sobreactuación escénica, que puede ser bienvenida por una parte de la afición teatrera, pero no por quien firma esta reseña.

No se trata de una pieza fácil de interpretar para los actores, ni tampoco sencilla de digerir para el espectador medio. Claro que la complejidad no la convierte, en todo caso, en un buen ejercicio de teatro, ni en una expresión elevada del arte, sólo asequible para ciertos receptores más o menos cultivados que logran interpretar significados ocultos y metamensajes, aun donde probablemente no existen, o al menos, no quedan bien plasmados en escena.

“El don” nos resulta, en tal sentido, una obra aburrida, exasperante, tediosa, por momentos muy pesada –los bufidos se hacen oír desde la platea- y esto no tiene nada que ver con el trabajo de los cuatro actores, todos excelentes profesionales que han interpretado con gran oficio y dignidad el texto de Gambaro y las marcaciones de Lang.

Creemos firmemente que el resultado manifiesto es consecuencia directa de la concepción misma de la obra y de las decisiones estéticas asumidas por el director. La incógnita tras la culminación es adivinar en qué estaban pensando y qué deseaban transmitir los responsables de “El don” cuando se propusieron realizarla. La lectura del programa que se entrega en sala quizás puede dar alguna referencia, pero en verdad no se compadece de cuanto se ve en escena.

Por lo demás, la puesta escenográfica minimalista (combinada con un correcto uso de la luminotecnia) por parte de Gonzalo Córdova, con un escenario en dos planos (una simple plataforma para la acción principal más un subsuelo que representa la realidad oculta), sumado a los aportes de Renata Schussheim en vestuario, dan mayor volumen al espectáculo. La música en vivo de Pablo Cécere es funcional al juego dramático, y por lo tanto, otro acierto.

No nos es fácil publicar una reseña crítica hacia una nueva puesta, especialmente porque respetamos la enorme carga de costo, trabajo y esfuerzo que cualquier aventura escénica involucra para sus realizadores. Por eso también siempre aclaramos, en rescate de las obras, que nuestra mirada es tan subjetiva como cualquier otra, y por ende, representa simplemente nuestro pensamiento y no es ninguna verdad revelada.

Lo que para nosotros no es un buen producto, puede ser visto como una pieza brillante por otros, y respetamos todos los puntos de vista. Más allá de todas estas disquisiciones, no podemos dejar de creer que “El don”, en nuestra propia lectura es, por desgracia, un intento fallido.

EL DON

Sala: María Guerrero, Teatro Nacional Cervantes. Av. Córdoba 1155 - CABA

Funciones: De jueves a sábados a las 21 horas y los domingos a las 20.30

FICHA TÉCNICA

Autor: Griselda Gambaro

Dirección: Silvio Lang

Elenco: Cristina Banegas, Belén Blanco, Marcelo Subiotto y Claudia Cantero

Producción TNC: Yamila Rabinovich

Asistencia de dirección: Marcelo Méndez

Coreografía: Diana Szeinblum

Música original en vivo: Pablo Cécere

Vestuario: Renata Schussheim

Iluminación y escenografía: Gonzalo Córdova

Fotografía: Gustavo Gorrini y Mauricio Cáceres


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