El infierno por mano propia

La tragedia del terrorismo de Estado a través de secuestros, torturas, desaparición forzada de personas y robo de bebés se instaló como tema en la dramaturgia latinoamericana no inmediatamente después de la restauración democrática en cada uno de los países, sino tras un período de toma de conciencia que llevó algunos años de reflexión social. Se trata de una herida abierta y dolorosa, muy difícil de asimilar. Pero en especial desde fines de la década del ochenta, el teatro se volcó de lleno a registrar el fenómeno, con varias piezas de gran valor que representan el relato de una época que nunca más debe volver, pero que tenemos la obligación de recordar.

La dilatada obra del autor chileno Ariel Dorfman se cuenta, precisamente, dentro de ese colectivo esencial de textos que desnudan la crueldad y la sinrazón de aquellos años de plomo. Su obra “La Muerte y la Doncella”, escrita en 1991, se inspiró en el por entonces reciente informe de la Comisión Chilena de Verdad y Reconciliación, una suerte de CONADEP trasandina que echó luz sobre la suerte corrida por quienes fueron asesinados por el régimen del dictador Augusto Pinochet. Aquel trabajo, desafortunadamente, se hizo a medias, porque sólo alcanzó a los casos de muertes, pero no la investigación de torturas, desapariciones y otras violaciones a los derechos humanos.

Precisamente, ese es el punto de partida de la historia que cuenta la obra, la de una mujer –Paulina Salas- que vive con miedo como consecuencia de las secuelas que le dejaron las graves torturas y violaciones a los que la sometió un grupo de tareas pinochetista. Casada con un abogado que es miembro de esta comisión de la Verdad, se topa con la desagradable sorpresa de que la persona que socorrió a su marido en la ruta tras un percance con el auto, no era otro que el torturador que años atrás le infligió tanto dolor. Frente a una situación tan surrealista –reconocer a su propio secuestrador y violador sentado en su living- Paulina reacciona en forma sorpresiva: lo reduce a punta de pistola y decide juzgarlo en forma doméstica.

El Teatro Nacional Cervantes presentó esta obra en su temporada 2014 –ha recibido cuatro nominaciones a los premios ACE 2015, incluyendo mejor obra, mejor director, mejor actor protagónico y mejor actriz protagónica- y la volvió a reponer este año.

El trabajo de Marcela Ferradás en la piel de la mujer torturada es verdaderamente antológico. La intensidad de su angustia ante el recuerdo de momentos espantosos de su vida, el odio a su agresor y la duda moral sobre cómo disponer de la vida o la muerte del acusado, se admira en cada escena. Es muy difícil actuar las circunstancias de un personaje tan vapuleado por la vida, en una situación tan extrema. La actriz lo hace con excelencia.

En esa misma línea de calidad, el experimentado Horacio Peña –en la vida real está casado con Ferradás- interpreta a Roberto Miranda, el torturador. En su caso las emociones no están a flor de piel: Es un ser oscuro, que se revela a sí mismo de a poco: un lobo disfrazado de oveja.

El actor Carlos Santamaría compone a Gerardo Escobar, el marido de la mujer torturada, y con gran destreza se enfrenta a la contradicción de disponer de la suerte del hombre que violó y torturó a su mujer, y su deber cívico de actuar con transparencia como miembro de la comisión investigadora de los crímenes de Estado.

La utilización de la sala Orestes Caviglia, que permite un acercamiento especial del público al ámbito de la acción -los actores interpretan la obra en el mismo nivel de la platea- permite disfrutar mucho más el intenso dramatismo que encierra esta brillante versión del director Javier Margulis, un thriller de suspenso que no da respiro al espectador hasta el último segundo.

LA MUERTE Y LA DONCELLA

Teatro Nacional Cervantes, Sala Orestes Caviglia. Libertad 815, CABA

FUNCIONES: Viernes y sábados, 21:30 hs.

Director: Javier Margulis

Autor: Ariel Dorfman

Elenco: Marcela Ferradás, Carlos Santamaría y Horacio Peña

Asistencia de dirección: Gladys Escudero

Producción TNC: Yamila Rabinovich

Música: Adrián Odriozola

Iluminación: Marco Pastorino

Vestuario y escenografía: Daniela Taiana


© 2015 por Gustavo Hierro. Síganos también en www.facebook.com/LaTaquillaTeatro.

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