Una mujer detenida en el tiempo

El abordaje del tema del sida y su propagación, ha sido una obsesión permanente de la literatura, el cine y el teatro occidentales de las últimas décadas. Pero más que la lógica preocupación que despertó la enfermedad en sí, lo que se destaca es la estigmatización social que sufren –en especial en los albores de la epidemia- las víctimas del virus del VIH.

Al principio se la tomó como una enfermedad de tribu, porque la padecían fundamentalmente las comunidades homosexuales y los grupos de personas adictas a las drogas inyectables. Los prejuicios sociales hacia los gays ayudaron a discriminar mucho más a esta población, y la prensa instaló el concepto de “peste rosa” para referirse a ese raro virus que atacaba las defensas del organismo hasta matar a las personas.

La rápida propagación del síndrome de inmunodeficiencia adquirida en la población heterosexual demostró el nivel del disparate y prejuicio al que había llegado la opinión pública, y forzó la reformulación del imaginario colectivo respecto de la enfermedad.

Muchas vidas se perdieron y ríos de tinta corrieron debajo del puente. Cambió la visión sobre la enfermedad, que hoy gracias a la ciencia pasó a ser crónica, pero también la mirada colectiva hacia la homosexualidad, merced del reconocimiento social de los derechos humanos y civiles de las personas gays, lesbianas y transexuales.

“Madres e hijos” aborda esa temática con gran inteligencia. El guión del autor estadounidense Terrence McNally llegó a manos de Selva Alemán hace un par de años, y llegó a las tablas esta temporada, tras la feliz elección de sus dos compañeros de rubro: Sergio Surraco (al igual que la actriz y que la obra, nominado este año a los premios ACE) y Nicolás Francella, en su debut teatral.

Katharine Gerard perdió a su hijo André hace diez años víctima del sida, y sumida en una profunda depresión decide visitar a quien fuera la pareja del joven muerto. Llega cargada de rencor y acusaciones hacia la persona que culpabiliza por el fin de André. Pero en lugar del ambiente sórdido y promiscuo que ella esperaba, se encontró con una persona trabajadora, asesor en inversiones, que logró establecer una familia perfectamente normal, con esposo e hijo incluidos. La construcción de esa normalidad por parte de una pareja gay rompe con todos los prejuicios de la mujer, que a lo largo de la obra deberá lidiar con sus odios y sus preconceptos.

No es necesario explicar la excelencia en la actuación de Alemán, una maestra de actores que conmueve en la metamorfosis que sufre el duro personaje que le tocó componer. Se destaca también la ductilidad de Surraco, un actor visiblemente cómodo en los escenarios, quien supo balancear momentos de duro dramatismo con otros de entrañable ternura. En cuanto a Francella, hace honor a su apellido y sorprende tanta naturalidad con tan poca experiencia en teatro. Demasiado para un debut.

La presencia en escena de un niño –se alternan los actores infantiles Manuel Cumelén Marcer, Juan Ignacio Martínez y Guido Leonel Kañevsky- logra el doble efecto de generar una bocanada de aire fresco en medio de una trama muy dramática, pero también de aportar una cuota de inmensa emoción. A nosotros nos tocó presenciar el trabajo de Manuel, un nene encantador y sumamente gracioso, a quien esperamos volver a ver.

El director Luciano Suardi hizo un excelente trabajo creando un clima de suspenso permanente, que dosifica la información que llega al espectador, y también logra generar un claro compromiso emocional del público con las situaciones que viven los personajes. La escenografía e iluminación de esta casa en los suburbios de Nueva York completan la excelencia que caracteriza a las producciones que solemos ver en los escenarios del Multiteatro.

MADRES E HIJOS

Multiteatro. Avenida Corrientes 1283

Funciones: Miércoles y jueves, 20:30; viernes y sábados, 19:30 y 21:30.; domingos, 19:30.

Actores: Selva Alemán, Sergio Surraco, Nicolás Francella, Guido Kañevsky, Juan Ignacio Martínez, Manuel Cumelén Marcer.

Dirección: Luciano Suardi

Autor: Terrence McNally

Traducción: Federico González Del Pino, Fernando Masllorens

Escenografía: Jorge Hugo Ferrari

Iluminación: Mariano Demaría

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© 2015 por Gustavo Hierro. Síganos también en www.facebook.com/LaTaquillaTeatro.

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