Chicos, pueden comulgar tranquilos

Son increíblemente jóvenes y talentosos. Transitan sus veinte (largos), esa década donde todo en la vida está por delante y se puede ser (afortunadamente) políticamente incorrecto. Sin embargo, la simple lectura de sus biografías personales permite entender que Agustín Sierra, Emyliano Santa Cruz, Nicolás Maiques, Juan Paya y Juan Guilera no son sólo actores, sino también realizadores de vastísima experiencia en todas las plataformas sobre las que se pueda interpretar un rol de ficción: sus experiencias, combinadas, dicen que han trabajado en teatro, en cine, en televisión, en radio y hasta en internet, además de fundar su propia productora, de escribir guiones y de generar sus propios espectáculos.

La respuesta a la inquietud sobre cómo lograron mantener en cartel por seis temporadas consecutivas “Chicos católicos, apostólicos y romanos”, en una sala de estreno –están en el Metropolitan Citi de la Calle Corrientes- y con sólo dos funciones semanales –los viernes y sábados a la medianoche- se contesta sola, antes de que el espectáculo comience: se trata de una pieza de culto, que despierta una atracción rayana con el fanatismo entre los más jóvenes. Cuenta, por lo tanto, con una clientela que acude a verla dos, tres o cien veces, sin decaer en entusiasmo, y que a su vez por el boca a boca va sumando nuevos acólitos (inteligentes, los actores-entrepreneurs solicitarán, una vez finalizado el espectáculo, que quienes asistieron recomienden la obra y lleven a sus amigos a verla).

“Chicos católicos, apostólicos y romanos”, como se espera, supone una crítica mordaz e irreverente al catecismo católico y a la doctrina religiosa de la Iglesia. No es, claro está, una pieza recomendable para una persona de gran sensibilidad religiosa (si usted es así, le sugerimos que pase por alto este espectáculo), pero nada de lo que puede verse en la obra escandaliza ni transgrede la idea que la mayoría de las personas tenemos sobre las instituciones religiosas en general.

Lo que sí fluye desde el principio, son las risas frente a las situaciones que plantea este conjunto de niños de diez años que se preparan para tomar su primera comunión.

El jolgorio se alimenta del talento de comediantes de los cinco integrantes del elenco: la química y complicidad entre los actores los potencia individual y colectivamente. También de la devoción de la propia audiencia, que repite en voz alta, casi de memoria, los gags que se suceden como ráfagas de ametralladora.

Por lo demás, quien concurra a ver la obra y busque en ella un manifiesto anticatólico que denuncie las aberraciones, hipocresías o faltas de la Iglesia de Roma, ciertamente se verá decepcionado. El guión es gracioso y liviano, claro, pero justamente por eso previsible, básico y portador de chistes en muchos casos ya transitados en nuestro acervo cultural. Tanto histrionismo escénico merecería un texto un poco más más elaborado. La Santa Iglesia Católica descansa, tranquila y a salvo. Al menos, mientras se conserve esta versión del espectáculo.

Llega un punto en el que oír decir “caca”, “Jesús es maricón”, o “la concha de Cristo”, puede volverse tedioso si se abusa del recurso. Quizás la gente se ría por los alaridos del descrontrolado (e insuperable) Nicolás Maiques al proferir las líneas, o cuando aparecen en boca del brillante Emyliano Santa Cruz (nueva incorporación del grupo), más que por las palabrotas en sí mismas. Si la idea era transgredir, otra vez, “Chicos…” queda a mitad de camino.

En este mundo que nos rodea, ya muy pocas cosas escandalizan. Definitivamente, “Chicos…” no lo hace. Aunque no estamos en la cabeza de sus responsables, suponemos que la obra jamás se propuso hacer cuestionamientos serios, sino más bien ser un vehículo de diversión fresca y desenfadada para una audiencia que, simplemente, busca pasarla bien. Y lo consigue.

Dicho todo esto, podemos relajarnos y disfrutar de este verdadero festival de la comedia, más cercano a una exhibición de talentos o a una performance de stand up que a una obra de teatro. Los “chicos” son comediantes memorables, sus actuaciones deben ser observadas con detenimiento, y estamos seguros que cada uno de ellos forma parte de un colectivo que configura el futuro de la comedia argentina. Con ellos, la diversión está garantizada.

Una última observación, esta vez a modo de pedido, dirigido a los responsables del espectáculo. No sentimos agravio alguno frente al uso satírico de los símbolos religiosos. Forma parte de las reglas del juego previsibles para el humor. Sin embargo, la escena del sacerdote que obliga a un pibe a sentarse en su falda, así como el diálogo que mantienen después, bien podría evitarse.

¿De qué nos estamos riendo, exactamente, cuando el cura, tras enviar al pibe a su oficina para mostrarle en privado “el poder de Dios”, afirma “Me gusta comerme un buen pebete”? La escena ilustra a un chico de diez años a punto de ver su vida destruida gracias a los artificios de un degenerado que lo va a violar. Disculpen si semejante tragedia no nos causa ninguna gracia.

CHICOS CATÓLICOS, APOSTÓLICOS Y ROMANOS

TEATRO METROPOLITAN CITI – AV. CORRIENTES 1343 – CABA

FUNCIONES: Viernes y sábados a la medianoche - 0:15 hs

ELENCO: Juan Guilera, Nicolás Maiques, Juan Paya, Emyliano Santa Cruz y Agustín Sierra

AUTOR: Juan Paya

DIBUJOS ESCENOGRÁFICOS: Martín Bayne

CARICATURAS: Gabriel Lucero

RESTAURACIÓN ESCENOGRÁFICA: Jorge Granja

FOTOGRAFÍA: Fuentes 2 Fernández – Guga Vision

DISEÑO DE LUCES: Lucas Balestrino

ARREGLOS MUSICALES: Nicolás Sanmartí

COREOGRAFÍAS: Daro Marques

DISEÑO GRÁFICO Y COMUNICACIÓN VISUAL: Juan Paya

STAGE MANAGER: Julieta Rossi

COORDINACIÓN DE PRODUCCIÓN: Karen Barg

PRODUCCIÓN EJECUTIVA: Agustina Granja

ASISTENTES DE DIRECCIÓN: Karen Barg

DIRECCIÓN: Carlos Kaspar

REDES SOCIALES: Tw: @chicoscatolicos | Fb: chicoscatolicos | Instagram: @chicoscatolicos


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