Sabor a nada

Hacer teatro es una empresa difícil. No se trata sólo de elegir una buena obra, contratar un lindo teatro y seleccionar un elenco acorde. Detrás de cualquier producción hay una apuesta riesgosa, un compromiso económico para hacerla sustentable, y también la azarosa elección de un tema y de una estética que atraigan al público. Para “Las mujeres no saben decir adiós”, aunque no todos los objetivos se cumplen, existe una redención posible.

La historia representa un tema popular, el de las mujeres y su (compleja) relación con el otro género, que incluye el amor, el compañerismo, el hastío, la violencia de género, la infidelidad, y tantas otras aristas que puede mostrar la vida en pareja.

El guión incluye canciones bellas, clásicos inoxidables como “Bésame Mucho”, “Sabor a Nada”, “Una Mujer”, “Contigo en la Distancia” y “Un toque de Distinción”, interpretados por un trío coral realmente maravilloso.

La puesta cuenta, además, con un elenco incuestionable, encabezado por la talentosa Carolina Papaleo, flanqueada en este caso por las cantantes –y también actrices- Florencia Róvere, Carolina Portino y Roxana Canné, quienes aportan su sólida experiencia en el teatro musical y despliegan calidad interpretativa.

Los problemas empiezan cuando, finalmente, hay que hablar de la obra en sí misma. La idea de “Las mujeres no saben decir adiós” no es mala, aunque puede sonar trillada. Una psicóloga medita sobre la posibilidad de escribir un libro que hable sobre la problemática de la mujer y su vida en pareja, y mientras busca un título para su obra recuerda casos de tres de sus pacientes.

El autor argentino Fabrizio Origlio –también director de la puesta- despliega a partir de allí el relato de las tres historias, entrelazado con la interpretación de clásicos de la canción romántica.

Puede que la fórmula haya sido eficaz para apelar a la sensibilidad del público teatral de Miami, en los Estados Unidos, ciudad en la que se estrenó. Pero la básica superficialidad y la tediosa sucesión de lugares comunes en el guión, lo hacen muy poco interesante para el espectador porteño, acostumbrado a tramas más elaboradas.

No existe concatenación alguna, o en el mejor de los casos (y haciendo un esfuerzo mayúsculo) podría hallarse alguna lejana relación mínima entre el argumento y las letras de las canciones que se interpretan.

A partir de allí, las cuatro actrices hacen un esfuerzo digno por poner vida al texto básico, y a fuerza de profesionalismo por momentos consiguen atraer cierto compromiso emotivo del público. Sí debemos destacar los arreglos vocales del trío Róvere/Portino/Canné, dirigidos por Gonzalo Botí, así como la interpretación de Papaleo, que hacen que valga la pena concurrir a ver el espectáculo, y hasta disfrutarlo, aunque sea en dosis homeopáticas.

Aunque sea de Perogrullo aclarar que, al menos en el mundo de los mortales, una pequeña compañía de teatro monta su obra en la sala que puede más que en la que desea, la elección de la “Julio Cortázar” en el Paseo La Plaza, con su inexistente nivel de acustización, quizás no haya sido la mejor alternativa para “Las mujeres….”. Escuchar “Sabor a nada” con una sirena de bomberos sonando en el fondo, confundida con ruido de tráfico de la avenida Corrientes, dista mucho de ser una experiencia satisfactoria. Un elemento a tener en cuenta, particularmente, por los empresarios del Complejo Teatral La Plaza.

Como el lector puede apreciar, esta crítica fue publicada después de cerrado el telón, en la última función de la obra. Esta decisión –completamente deliberada- nace de la necesidad de La Taquilla de preservar el trabajo de los actores y productores que tanto esfuerzo hacen (y tanta onda le ponen) a sus emprendimientos personales, sobre todo en un contexto económico tan recesivo como el que vivimos.

No contamos con un sitio que pueda cubrir, en forma exhaustiva, el cien por ciento de la oferta teatral. Hacemos un esfuerzo por contar lo más que podemos dentro de los escasos medios de los que disponemos.

En las críticas que se publican en La Taquilla el lector encontrará, seguramente, las mejores opciones que estamos en condiciones de recomendar, desde nuestro humilde criterio. Tampoco buscamos pontificar, ni nos creemos en condiciones de hacerlo. Lo que es malo para unos, bien puede ser excelente para otros. Y viceversa.

Por eso, preferimos omitir hacer des-recomendaciones, casi como un principio ideológico a defender, no sólo porque no creemos en la inefabilidad de nuestro criterio, sino también por nuestra necesidad de no dañar el fruto del trabajo de ningún realizador. Es nuestra visión. Esperamos que el lector lo entienda.

"LAS MUJERES NO SABEN DECIR ADIÓS"

Autor y director: Fabrizio Origlio

Con: Carolina Papaleo, Florencia Róvere, Carolina Portino y Roxana Cané.

Arreglos vocales: Gonzalo Botí

Stage Manager: José María Rivero

Maquillaje: Dana Epelbaum

Asistente de producción: Ailén Navello

Sala Julio Cortázar, Paseo La Plaza.


© 2015 por Gustavo Hierro. Síganos también en www.facebook.com/LaTaquillaTeatro.

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