Un violín que todavía resuena

“El viento en un violín” se exhibió hasta el pasado sábado 30 de mayo en el Paseo La Plaza, en alternancia con “La omisión de la familia Coleman", producida por los mismos realizadores. Aunque ya no está en escena, igualmente hemos decidido publicar su reseña, acaso para alentar la pronta reposición de un espectáculo que el público aplaude de pie.

“El viento en un violín” es una celebración del mejor teatro. Junto a su hermana mayor, “La omisión de la familia Coleman”, marca la impronta de su creador, el actor, dramaturgo y director Claudio Tolcachir. Con prácticamente el mismo elenco que “Coleman”, la obra muestra un humor corrosivo sobre problemáticas sociales muy complicadas, casi un sello de autor de toda producción de TIMBRe4, el grupo de teatro que concibió el proyecto.

La percepción social sobre la homosexualidad, el psicoanálisis, la alienación, la parentalidad, la maternidad tóxica, la drogadependencia, son sólo algunos de los ítems temáticos que despliega un menú muy inteligente.

La trama específica habla de la vida cotidiana de la gente real. Una pareja de mujeres se aman, anhelan tener un hijo, y se aprestan desesperadas a encontrar un padre. Una madre sobreprotectora desea la felicidad de su hijo –un adolescente tardío que pasó la barrera de los treinta-, pero se asegura en el camino de asfixiarle cada segundo de su existencia. El hijo, a su vez, completamente desorientado en la vida, no encuentra salida ni sus sesiones de análisis. Ni hablemos del pobre analista, que debe padecer los desvaríos de su joven paciente y, de paso, los de su madre, que es la que paga las sesiones.

La construcción del lenguaje, la cotidianeidad en la acción y los planos del escenario donde se juegan las diferentes escenas muestran la enorme capacidad de este grupo humano para contar historias con sencillez de recursos y una naturalidad sorprendente.

El lucimiento del elenco es homogéneo, producto no sólo del estilo del libreto, sino también de la dinámica de trabajo del grupo. Todos los personajes tienen su momento de lucimiento, y los actores que los encarnan los exprimen al máximo, pero no como un recurso para la autoexaltación, sino al servicio del proyecto colectivo. El resultado es belleza.

Tamara Kiper e Inda Lavalle encarnan a Celeste y Lena, la pareja de lesbianas; Lautaro Perotti es Darío, el atribulado joven-niño, y Miriam Odorico, Mercedes, su absorbente madre. Gonzalo Ruiz se pone en el papel de Santiago, el sufrido analista, y Mimí Rodríguez juega a ser Dora, madre de Celeste y mucama perpetua de Mercedes. Todos ellos son espectaculares en sus actuaciones. Destacar a uno sería injusto con el resto. Son sencillamente perfectos.

“El viento en un violín” nos muestra, como la mayoría de los trabajos de Tolcachir, a un mundo imperfecto, injusto, pero a la vez bello, redimible. A lo largo del espectáculo, nos encontramos sin solución de continuidad con la risa, con la emoción, con la angustia y con la sorpresa.

La ovación del público al final de la obra sirve como imperativo para garantizar que en un futuro cercano la platea de Buenos Aires seguramente volverá a disfrutarla. Precisamente, porque esa persistencia tenaz con sus títulos forma parte de la inteligencia de este extraordinario grupo teatral.

EL VIENTO ES UN VIOLIN

Escrita y dirigida por Claudio Tolcachir

Actúan: Mimi Rodríguez (Dora), Tamara Kiper (Celeste), Inda Lavalle (Lena), Miriam Odorico (Mercedes), Lautaro Perotti (Darío), Gonzalo Ruíz (Santiago)

Asistencia de dirección: Melisa Hermida

Diseño de luces: Omar Possemato

Escenografía: Gonzalo Córdoba

Equipo de producción Timbre4: Carolina Fischer, Natalia Mesía

Producción: TEATROTIMBRe4 // Maxime Seugé y Jonathan Zak

Fotos: Giampaolo Samá. Video: Gentileza TIMBRe4


© 2015 por Gustavo Hierro. Síganos también en www.facebook.com/LaTaquillaTeatro.

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