Salsa picante, pero pasteurizada

Enrique Pinti disfruta con serenidad los lauros bien ganados en una carrera artística prolífica y exitosa. Causa alivio verificar que, a sus 75 años, todavía le queda resto para pedalear en la bicicleta fija de su “Salsa Criolla, 30 Años”. Pero alegra el corazón y despierta admiración que, a una altura de la vida en la que muchos se retiran, el último gran cómico argentino viviente exhibe una agilidad mental y una locuacidad personal pocas veces vistos sobre un escenario.

No olvide el lector que Pinti no es, simplemente, un actor. Se trata de un agudo analista de la realidad, con una personalísima mirada de la historia. Un intelectual comprometido con su tiempo, que ha contribuido a la formación política de cientos de miles de argentinos.

“Salsa Criolla”, muchos lo saben, compendia el discurrir de los acontecimientos que, desde Isabel la Católica hasta hoy, llevaron a la formación de la Argentina que tenemos, para bien o para mal. Se trata del mismo espectáculo que Pinti supo estrenar en esa misma sala –el Teatro Liceo- en 1985, con muy pocos cambios respecto del guión original, pero con algunos retoques mínimos, indispensables para aggiornarlo.

Hablamos del mismo show maravilloso, multipremiado, que ya disfrutaron casi dos millones de personas en diez temporadas consecutivas, y ahora se abre al descubrimiento de una nueva generación.

La estructura de “Salsa Criolla” respeta el formato de casi todos los espectáculos previos de Pinti (como “El Pericón” o “Candombe Nacional”): Cuenta con dos monólogos –uno abre la obra, el segundo, sobre el final, la cierra- y con varios cuadros en los que se representa la historia argentina.

El descubrimiento de América por Cristóbal Colón, la conquista de las colonias, el proceso independentista argentino y toda la turbulenta historia del siglo XX, con peronistas, radicales y militares que se suceden a los codazos, pasan volando por los ojos del espectador, que apenas tiene tiempo para asimilar tanta genialidad en medio de las incontenibles carcajadas.

El actor conserva el ritmo, la velocidad, la dicción y las energías necesarias para llevar adelante el desafío, que le obliga a estar en escena prácticamente todo el tiempo.

Una perla para los fanáticos: Esta versión 2015 incluye una nueva canción, al principio del espectáculo, con la que resulta imposible no identificarse. Es una verdadera joya que merece ser descubierta en el teatro, ya que agrega un nuevo atractivo de peso a la trayectoria de "Salsa Criolla".

La obra cuenta, como siempre, con un elenco de actores y bailarines sumamente profesional. Pinti puede apoyarse confiadamente en los actores Martín Salazar y Martín Sipicki, que lo secundan con gran eficacia y mucha gracia.

Lo mismo ocurre con el ballet, integrado por ocho estupendos bailarines. Las excelentes coreografías de Elizabeth de Chapeaurouge y la música original de Gregorio Vatenberg entusiasman a todos, arriba y abajo del escenario.

Como se sabe, “Salsa Criolla” requiere de vertiginosos y múltiples cambios de ropa. En esta edición de las tres décadas, el trabajo de Renata Schussheim como vestuarista es uno de los logros que harán inolvidable la versión. El personalísimo estilo de la artista plástica, en una producción multicolor que remeda al Cirque du Soleil, se disfruta desde el arranque, con un festivo desfile del elenco en pleno. La funcional escenografía completa una estética muy atractiva.

Pero el plato fuerte de cualquier espectáculo de Pinti, el momento que realmente van a buscar sus fanáticos, es el de sus ácidos monólogos. Como se sabe, si bien el cómico siempre sigue algunos lineamientos básicos para concatenar el discurso de cada función con el resto de la obra, en general improvisa sobre temas de estricta actualidad y reflexiona sobre las problemáticas que aquejan al inconsciente colectivo del momento. No en vano Pinti viene interpretando ya por tanto tiempo las neurosis, las angustias, las agachadas y las grandezas del inconsciente colectivo de los argentinos, tanto en teatro como en televisión.

En esta oportunidad, sin embargo, hubo un detalle que llamó la atención de este periodista y merece ser destacado. El primer monólogo, que abre el show, arranca satirizando la actualidad de los principales candidatos presidenciales –Daniel Scioli, Mauricio Macri y Sergio Massa-, para después dedicar largos minutos a la experiencia fallida de La Alianza en el poder, con un breve sobrevuelo sobre el Menemismo.

Si tenemos en cuenta que el gobierno de Fernando De La Rúa, que terminó con una renuncia vergonzosa el 20 de diciembre de 2001, queda a catorce años de distancia del tiempo actual, debemos decir que fue grande la expectativa que se despertó en la audiencia respecto de cómo se plantearía el monólogo final. Seguramente, muchos habrán presumido -el autor de esta nota lo hizo- que Pinti pasaría revista a la agitada vida institucional del país en estos últimos años.

Claro que se trata de un análisis complicado, considerando que el período 2012-2015 abarca lo que algunos ven como una década ganada, y otros definen como la quintaesencia misma de la corrupción y el debilitamiento de la democracia. Como mínimo, es una década muy controversial.

Sin embargo, llegado el momento del monólogo final, nada de esto ocurrió. Con los reflejos sociológicos de siempre, Pinti sí destacó que la llamada “grieta” que muchos atribuyen a estos años, existe en realidad desde los albores de la Nación, y coexistió con los argentinos a lo largo de toda nuestra historia. Poco más o menos que esto.

Es significativo que el actor no hizo mención alguna, y se cuidó muy bien de criticar, cualquier aspecto de los gobiernos de Néstor y de Cristina Kirchner. Más interesante aún fue que, quizás para balancear, tampoco señaló ningún punto particularmente positivo sobre la Argentina K. Casi, como si el kirchnerismo no hubiese cumplido tres términos presidenciales al frente del país. Es más: Pinti evitó cualquier referencia personal sobre el matrimonio presidencial.

Es extraña la elección, porque oportunamente, en versiones anteriores de esta misma obra –quien firma esta nota tuvo el privilegio de disfrutar “Salsa Criolla” varias veces en sus distintas temporadas-, Pinti no ahorró críticas (que siempre fueron lapidarias) hacia los gobiernos de Raúl Alfonsín y de Carlos Menem, con cuestionamientos muy duros, que atendían, en tiempo real, a situaciones que se vivían en aquellos mismos momentos.

Decíamos antes que esto puede sonar extraño, y creemos que lo es, pero nunca inocente, y mucho menos casual: pensamos que hay una decisión editorial del humorista de omitir comentarios sobre temas que son muy espinosos, urticantes y hasta dolorosos para la sociedad argentina de hoy.

¿La pasteurización en el discurso de Enrique Pinti obedece a una búsqueda consciente de cerrar la grieta?, ¿A su necesidad, en el crepúsculo de la vida, de lograr algún punto de acercamiento entre los argentinos? Posiblemente. Pero queda claro que, aunque las puteadas y el lenguaje fuerte sigan proclamándose con énfasis, también se puede dejar de decir, o decir en forma acotada, según cuál fuera el objetivo deseado. Sólo Pinti lo sabe.

Lo que sí sabemos nosotros, es que esta “Salsa Criolla” treinteañera no ha perdido ni un ápice de la agudez que siempre la caracterizó, y que hizo a Pinti portavoz de la conciencia histórica argentina. Sólo por esto, el esfuerzo de Lino Patalano, Carlos Rottemberg y Cipe Fridman en armar de nuevo este circo de nuevo, valió la pena.

“Salsa Criolla” es un espectáculo de culto, casi una definición de nuestra argentinidad, y por eso resulta imperativo ir a verlo. A no faltar.

“Salsa Criolla, 30 años”

Libro y dirección: Enrique Pinti.

Con: Martín Salazar y Martín Sipicki

Bailarines: Micaela Barber Clas, Julia Montillengo, Mara Moyano, Silvina Tordente, Ariel Juin, Pablo Juin, Ignacio Pérez Cortés y Esteban Segovia

Música original: Gregorio Vatenberg

Coreografía: Elizabeth de Chapeaurouge

Dirección coral: Ana Carfi

Diseños de escenografía: Oria Pupo

Vestuario: Renata Schusseheim

Sonido: Gastón Briskye

Iluminación: Sandro Pujía

Producción General: Lino Patalano, Carlos Rottemberg y Cipe Fridman

Teatro Liceo, Rivadavia 1499, CABA.

Funciones: Miércoles, Jueves y Viernes 20:30 hs, Sábado 20 y 22:30 hs, y Domingo 20 hs.


© 2015 por Gustavo Hierro. Síganos también en www.facebook.com/LaTaquillaTeatro.

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